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5 abr 2008

¿Candidatura resuelta?

por Roberto Pizarro

Según Cortés Terzi, analista político socialista, la candidatura de la Concertación ya se encuentra resuelta. Ésta le correspondería a la Democracia Cristiana y su mejor opción es Soledad Alvear. Sus argumentos conceptualizan preocupaciones que se escuchan en los pasillos del establishment político desde hace algún tiempo aunque hasta ahora nadie se había atrevido a hacer explícitos.

Cuatro argumentos nos entrega Cortés Terzi para sostener su afirmación. El agotamiento de la Concertación y su inevitable repliegue hacia las máquinas burocráticas; las crecientes desafecciones; la pasión por seguir gobernando junto al temor que la pérdida del gobierno conduciría a una crisis de dimensiones imprevisibles; y, el escaso tiempo para refundarse como conglomerado y revertir el debilitamiento en curso. Junto a estos cuatro argumentos se sostiene que el gobierno de Michelle Bachelet, a pesar de sus intenciones, no pudo revertir el proceso de declinación de la Concertación. En consecuencia, no existe margen para “candidaturas providenciales” y dada la naturaleza del actual gobierno no se puede esperar una gran obra que modifique el escenario. Así las cosas, todo indicaría que la Concertación apuntará en los próximos meses a fortalecer sus máquinas políticas para evitar nuevas fugas y frenar la dispersión. La conclusión que Cortés Terzi deriva de esta caracterización es que la tarea presente sería cuidar a la Democracia Cristiana y apoyar la candidatura de Soledad Alvear.

Cortés Terzi revela lucidez al poner en evidencia el agotamiento político de la Concertación. Sin embargo, su visión inmediatista conduce, en mi opinión, a acelerar aún más el desgaste de la Concertación, frenando al mismo tiempo la oportunidad histórica de construir un bloque de fuerzas para derrotar a la derecha y provocar los cambios políticos y económicos que la ciudadanía está demandando.

El agotamiento de la Concertación y la consecuente desafección militante y ciudadana son consecuencia de problemas de fondo que el conglomerado en el gobierno no ha sabido enfrentar. En primer lugar, su manifiesta incapacidad para desafiar las exclusiones políticas ha reducido a sus partidos políticos a una mínima expresión y ha envejecido a su activo militante; al mismo tiempo, las vacilaciones de la Concertación por modificar el sistema binominal han restringido la participación electoral a un magro 50%. En segundo lugar, la acelerada concentración económica y la presencia de desigualdades intolerables han colocado dudas en la ciudadanía sobre el carácter progresista del conglomerado de gobierno en materias económico-sociales. En tercer lugar, los sonados hechos de corrupción en instituciones gubernamentales y los vínculos de personeros de la Concertación con grupos económicos han tendido un manto de olvido sobre los negociados que caracterizaron al régimen de Pinochet, a sus políticos y economistas.

Como el agotamiento de la Concertación radica en esas poderosas razones, a diferencia de lo que piensa Cortés Terzi las respuestas deben ser de fondo y consecuentemente se encuentran fuera de esa “jaula de hierro” que le ha impedido enfrentar las exclusiones políticas, las desigualdades y la corrupción. Precisamente se trata de trascender los límites dentro de los que se ha movido la Concertación hasta ahora. Por tanto, es ingenuo pensar que un candidato tradicional y el repliegue a las “maquinas políticas” le ofrece a la Concertación alguna oportunidad para mantenerse en el poder. El único camino posible para derrotar a la derecha es salir del inmovilismo, con un nuevo programa de transformaciones económicas y sociales que coloque en su centro a los trabajadores, a los pequeños empresarios y a las capas medias. Y además con un programa político que le entregue a los jóvenes y a los excluidos una reincorporación a la vida política nacional. Por cierto, a ello debe agregarse la recuperación de una ética de “manos limpias” que cierre las puertas a todo vínculo entre política y negocios y que sea implacable con cualquier funcionario público corrupto.

Para que ese programa transformador se haga efectivo hay que salir de los límites estrechos del “activo militante” y acercarse a los desencantados, ampliar el arco de fuerzas más allá de la Concertación con los sectores extraparlamentarios, con los jóvenes y con todos aquellos sectores y organizaciones sociales que han sufrido las desigualdades del modelo económico y político en curso. Ello sólo se podrá lograr con figuras políticas no complacientes, que piensen en el país antes que en acceder al poder a cualquier costo, con osadía para impulsar las transformaciones que el país requiere y que estén abiertas a competir en todas las instancias de la vida política nacional: al interior de los partidos, en la Concertación y fuera de ésta. Sólo así será posible derrotar a la derecha.

3 abr 2008

Concertación: la candidatura está resuelta

por Antonio Cortés Terzi

Si a pesar del cuadro de debilitamiento, el objetivo central de la estrategia es ganar la elecciones presidenciales para impedir el riesgo de una "crisis catastrófica" de la centro-izquierda, entonces, habría que privilegiar el cuidado de los espacios y lugares más vulnerables a las fugas.

Si se hacen proyecciones en estricta racionalidad y lógica política, la cuestión de la candidatura presidencial de la Concertación ya está resuelta y el margen de incertidumbre al respecto queda reducido a la eventualidad de sucesos azarosos y a los sobresaltos que pudieran producir las veleidades de algunos presidenciables.

El accionar y el desenvolvimiento político y político-electoral de la Concertación está extremadamente condicionado por cuatro factores que configuran una suerte de "jaula de hierro". El primer factor son los grados de agotamiento a los que ha llegado en cuanto a fuerza intelectual, política, social, programática, orgánica, etc. Si bien ese agotamiento no es absoluto, lo que le resta son sólo sus reservas y sus maquinarias burocráticas que operan inercialmente.

El segundo factor radica en el inexorable proceso de descomposición que incuba y que la amenazan con más muestras de desafecciones, centrifugacidades o simples anomias colectivas y de elites y que sólo compensa en parte por la fidelidad de una adhesión popular irrenunciablemente anti-derechista.

El tercer factor, es el "imperativo categórico" de seguir gobernando y que le surge no sólo de la "tentación del poder", sino de la autoconciencia –al menos en sectores dirigentes- que la pérdida del gobierno muy probablemente la induciría a una crisis de dimensiones imprevisibles, pero que obviamente no sería menor, ni para ella ni para sus partidos.

Y el cuarto factor es la falta de tiempos –cuantitativos o cualitativos- para desarrollar con éxito políticas y procesos renovadores, reconstructivos o refundacionales que le permitieran revertir su debilitamiento y empequeñecimiento, salir de la "jaula de hierro" y enfrentar las próximas elecciones presidenciales revitalizada como una "nueva fuerza".

En gran medida, ese proceso se visualizaba realizable en el gobierno-Bachelet. Pero, por el empantanamiento en que se sumió el gobierno en sus dos primeros años, por las resistencias que le plantearon tanto las elites tradicionales como la ritualidad burocrática de la Concertación, por la carencia de proyectos, liderazgos y ánimos que impulsaran el proceso, etc., el hecho es que la declinación no se asumió y, por lo mismo, ésta siguió su marcha hasta el punto en que se convirtió en una situación sólida y permanente. Hoy pareciera más arriesgado pretender modificarla que conformarse con ella y administrarla.

Con este estado de cosas, la Concertación no puede moverse más allá de los espacios que tiene dentro de su "jaula de hierro". Y una jaula puede ser una buena protección cuando se está amenazado de desalojo.

Trazar estrategias desde esa posición no es fácil ni cómodo. En consecuencia, el asunto demanda respuestas muy simples en su elaboración y ejecución. Así, por ejemplo, no sería compatible con una estrategia de esa naturaleza especular con candidaturas providenciales. Ni tampoco es aconsejable esperar que la magnificencia de una obra gubernamental transforme radicalmente el escenario.

Una estrategia desde la "jaula" sugiere dos medidas preventivas cruciales: de un lado, asegurar que las reservas y maquinarias disponibles para la Concertación estén en condiciones de movilizarse y en un sentido sinérgico; y, de otro lado, evitar que se produzcan más fugas o deserciones.

Ahora bien, si a pesar del cuadro de debilitamiento, el objetivo central de la estrategia es ganar la elecciones presidenciales para impedir el riesgo de una "crisis catastrófica" de la centro-izquierda, entonces, habría que privilegiar el cuidado de los espacios y lugares más vulnerables a las fugas. Y, dicho sin más alegorías, esos espacios y lugares están en la DC. En otras palabras, la consiga de la estrategia necesariamente debería ser: "hay que cuidar a la DC".

Se desprende que, bajo tal consigna, la candidatura presidencial de la Concertación tendría que salir de las filas de ese partido. Simplemente, porque si así no ocurriera es muy grande la posibilidad que la DC lleve candidatura a la primera vuelta, porque de lo contrario, su desangramiento en militancia y votos es casi un dato dado.

Es obvio que hoy por hoy, al hablar de candidatura DC se está hablando de Soledad Alvear.

En pocas palabras, la hipótesis que aquí se maneja es que Soledad Alvear será la candidata de la Concertación y que esa decisión cuenta ya con el respaldo implícito, en algunos casos, explícito en otros, de un porcentaje elevado de las elites concertacionistas.

Que en el mundo PS-PPD existan sectores interesados en poner en pronta competencia a Ricardo Lagos y José Miguel Insulza, no afectan en nada la hipótesis expuesta: ninguno de ambos va a avasallar en las encuestas ni ninguno de ambos iría a una primera vuelta rivalizando con la senadora Alvear.

En definitiva, la DC tiene la decisión en sus manos: basta que anuncie que su candidata se postula para la primera vuelta. Todo ello en el entendido que la DC está, efectivamente, detrás de Soledad Alvear y que ésta se mantenga y consolide como carta con respaldo popular.

28/03/2008